domingo, 8 de marzo de 2015

Capítulo 4

Sofía ha llegado a su casa, durante el camino Pietro le ha hablado. No se supone que estaba en una reunión? No importa, le gusta hablar con él, no sabe el por qué, pero le gusta. Han hablado acerca de sus gustos, de lo lindo que es su acento español. Durante la conversación Pietro le ha mandado un mensaje de voz, eso le ha sorprendido a Sofía, pero al escucharlo, se enamoró de su voz, era tan especial, tan profunda, por lo menos eso es lo que ella pensaba. ¡Qué le pasa! No puede creer que este pensando así de un chico al que acaba de conocer, si así se puede decir. Es un chico con el que apenas ha hablado. Hmmm… no le ha respondido por qué vive aquí… ¿Será algún problema? ¿No querrá decírselo? No Sofía, no seas paranoica, se debe haber olvidado de responderte eso.

Lo que ella no sabe es que él tiene un secreto que todavía no es momento de revelar, por eso no le ha respondido a la pregunta.

Cuando ha entrado a la casa, no ha saludado a nadie, a estado conectada a su celular todo el tiempo, no quiere dejar de hablar con él. En un momento le ha dicho que iba al baño, que ya volvía. En ese momento ella a aprovechado para saludar a toda su familia que estaba en la sala, estaban viendo la inauguración del mundial, no le impresiona, así que empieza a tomarse “selfies” mientras espera a que su nuevo amigo regrese del baño.

Ha regresado, le pide que le mande una foto. Sofía duda, pero lo hace. No le manda una foto de ese mismo día, piensa que está horrible. Lo que no se da cuenta es que está tan contenta que irradia belleza. Decide mandarle una foto del día anterior. Toca la imagen de la camarita, selecciona la foto y “enviar”.

Pietro la recibe y tarda unos minutos en responder. Sofía nerviosa espera que no se de cuenta que es de otro día, “pero como se va a dar cuenta”, piensa, así que se relaja.

-“Esta foto es de hoy?” – pregunta Pietro. <<Mierda… como se dio cuenta….>> no le queda otra que mentir.

-“Si… por qué lo dices?”
-“Por nada… estás muy guapa hoy, ya he salido de mi reunión, tengo libre toda la tarde, que felicidad!”- dice Pietro, para ver que le responde Sofía.
       
Sofía no sabe que responder, ella no le ha preguntado que hará en la tarde… él solo ha decidido decírselo. ¿Querrá verla? No hay forma alguna, aunque se muera de ganas, no lo verá el primer día que le ha hablado, tiene que hacerse de rogar, por lo menos un poco.

-“Guau! Que bien! Yo tengo que estudiar… mañana tengo examen..:(.“-dice

-“Vas a estudiar todo el día?”

-“No, pero en un ratito tengo que salir hacia una cita…”- no sabe si decirle lo del psicólogo.

-“Una cita con tu novio?”

-“NOOOOO… yo no tengo novio”- ¿Por qué? le ha dicho eso con tanta efusividad? Que raro.- “Crees que si tuviera novio tendría Tinder???”

-“No, no creo, pero mejor asegurarse no?, ¿Dónde es tú cita?”

-“Jajaja en Miraflores, curioso, ya salgo en 20 minutos…”

-“Sal ahorita y ven a verme, estoy de camino :D”- Pietro otra vez ha lanzado una indirecta, mejor dicho una directa.

Sofía se pone nerviosa, no quiere decirle que no, pero ¿debe decirle que sí? NO. Es muy temprano para hacer eso, no sabe ni que hace en Perú y va a salir con él de buenas a primeras, y encima quiere que ella vaya, no – hay - forma.

-“Qué estás hablando loco, como voy a ir a verte!...”– responde, no quiere parecer muy nerviosa.

-“Jajaja por qué no?”- Sofía se queda atónita…ahora…que le responde….

-“Pues porque no…. No te conozco”

-“Y… En algún momento nos tenemos que conocer, no?”- Vaya… Que insistente este chico.

-“No, Pietro, no puedo jajaja, más adelante ya será.”- está muy nerviosa, no quiere que él se moleste, pero no va a arriesgarse- “Es más… ya no puedo hablar por ahora, voy a manejar hacia mi cita, hablamos luego?”- dice. 

-“Si claro, hablamos luego, un beso.”

-“Otro.”

Ya está, no entiende que le pasa, ¿por qué siente tantas ganas de ir a verlo?, ¡no sabe quién es! “Estas loca” dice en voz alta, mientras se sube al auto. Pero qué le está pasando, nunca ha tenido nunca tanto tema de conversación con un chico, le sorprenden sus ganas de hablar con él, al parecer a él también le gusta hablar con ella, no cree que sea cosa de ella o eso espera…

Mientras maneja a su cita, no se le quita la sonrisa de la cara, no sabe lo que le pasa. No puede dejar de pensar en él, tiene que concentrarse en manejar. “Vamos Sofía, atenta”, se dice a si misma. Se saca al chico de la cabeza hasta que llega. 

Al fin, ha llegado, sana y salva, uff…. Casi ha chocado como 5 veces… que horror, no debe pensar en otras cosas que no sean manejar cuando lo está haciendo. Cuando ha encontrado un sitio para estacionar apaga el auto. Coge su casaca, una chalina y su cartera, ahora hace un frío de muerte, “este clima es el peor…”, susurra. Toca el timbre de un edificio de los que aparentan ser de lujo, no es muy moderno pero parece ser muy costoso. Nunca ha ido antes. Que nervios… Ahora toca hablar con la amiga de su abuela y que le aconseje… espera que no la juzgue, tiene miedo de lo que piense de ella. Pero, ¿por qué le importa? Ni la conoce…. Pero a ella siempre le ha importado lo que piensen los demás… no le gusta que piensen mal de ella. 

Mientras espera, saca su celular de la cartera, le ha demorado unos minutos, ya que todo ahí dentro es un desastre. Papeles, cables, lapiceros, libros, de todo… hasta que a lo ha encontrado. Lo coge y mira sus notificaciones, tiene un mensaje de “PB”, vaya si que no se lo esperaba, “Suerte en tu cita”. No hace más que sonreír, pero que chico más tierno, pero todo esto es muy rápido.  Así que le da las gracias y nada más. Cierra la aplicación, pero la conversación sigue ahí…

Mientras ha hecho eso, le han abierto la puerta y se ha sentado en la sala, está esperando a que la llamen. Se mira en el reflejo de la luna de el frente. Tiene una cola alta, de la cual cae su largo cabello, no tanto como le gustaría, pero se conforma; castaño claro con rayitos de iluminación que se hizo el año pasado, pero han dejado rastro. No cree que sea una chica guapa como dice su nuevo amigo, ese es uno de los motivos por los que está donde está en ese momento, su falta de aprecio. Debe quererse más, por eso también a aceptado ir al psicólogo, quiere aprender a quererse.


La psicóloga la ha llamado, es una señora de aproximadamente unos sesenta-setenta años… ufff…, lo que le toca ahora, los prejuicios de los viejos…. No es alta, mas bien es bajita, con lentes y pelo rojo, no le queda mal, pero Sofía se lo teñiría de negro para que se vea más joven. Se llama Carolina, se ve amable, así que cree que puede confiar en ella, por lo menos un poco. La saluda con amabilidad y entran al salón donde será la cita. El salón donde dirá lo que siente, lo que le pone mal, lo que le hace feliz, lo que no le gusta. Un lugar donde se liberara durante una hora por las siguientes semana. No se da cuenta que ese día han pasado cosas nuevas que cambiaran su vida…

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